A propósito D… Trastorno del Espectro del Autismo (TEA)

En base al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5, 2013), el Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) engloba un conjunto de alteraciones del neurodesarrollo que se manifiestan desde la infancia temprana y persisten a lo largo del ciclo vital.

El Trastorno del Espectro del Autismo se caracteriza por deficiencias persistentes en la comunicación e interacción social, así como en patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

Su etiología es todavía desconocida, no se puede determinar una causa única, pero se sabe que su origen tiene una fuerte implicación genética. En la actualidad se continúa investigando sobre los factores de riesgos ambientales y generales. En las últimas décadas se ha producido un aumento significativo de personas que han sido diagnosticadas con TEA, constituyendo gran heterogeneidad en la sintomatología y características, donde la variabilidad en los síntomas clave y asociados que manifiestan, varían considerablemente.

A pesar de los interrogantes que todavía quedan por descubrir de este trastorno y que a día de hoy se continúa investigando, si queda demostrado que una detección e intervención temprana genera efectos positivos tanto en el desarrollo funcional del diagnosticado y por tanto mejora la calidad de vida. También genera efectos positivos en las familias, para quienes la atención inicial ayuda a disminuir su nivel de estrés generado por la incertidumbre sobre lo que le está ocurriendo a su hijo/a, así como el impacto del diagnóstico, facilitándoles de estrategias adecuadas para abordar el proceso de educación a su hijo y aumentar con todo ello la capacidad de afrontamiento.

Respecto a la detección, existen una serie de manifestaciones comportamentales alteradas en el desarrollo del niño o la niña según su edad. Los signos de alarma son:

6-12 meses

(Paula y Artigas, 2014)

12-18 meses

(Sterner y Rodríguez, 2012)

18-24 meses

(Sterner y Rodríguez, 2012)

- Retraso en el seguimiento de la cara.

- Retraso en el seguimiento con la mirada cuando una persona señala con el dedo.

- Reducción de la sonrisa social.

-Disminución de gestos comunicativos.

- Menor frecuencia en dirigir la mirada y vocalización hacia otras personas.

- Estereotipias.

- Menor actividad física durante la interacción social.

- Menor sincronía en la interacción con la familia.

- No dirige la mirada cuando el adulto señala con el dedo un juguete al otro lado de la habitación.

- No suele señalar con el dedo para indicar que algo le llama la atención.

- No suele traer objetos para enseñarlos.

- Uso atípico de objetos: rotar, girar y exploración inusual de los mismos.

- No responde cuando se le llama por su nombre.

- No imita o repite gestos o acciones del adulto.

- No muestra interés por otros niños o niñas.

- No comparte intereses, no suele mostrar objetos.

- Falta de juego funcional con juguetes o presencia de formas repetitivas de juegos con objetos (alinear, abrir y cerrar, esconder y apagar, etc.)

-Ausencia de juego simbólico o de ficción.

- Falta de interés en otros niños o hermanos

- Pocas expresiones para compartir afecto positivo.


De cara al diagnóstico, es importante realizar un diagnóstico diferencial exhaustivo, ya que se trata de una alteración en el desarrollo y en niños de edades tempranas, puede crear confusión con otro tipo de trastornos, principalmente la discapacidad intelectual, el Trastorno en el Desarrollo del Lenguaje (TDL) y el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

Otros datos relevantes que se encuentran es que un 84% de los niños con autismo tienen altos niveles de ansiedad y el 70 % algún tipo de sensibilidad sensorial (muy sensibles a la luz y al sonido), llegando a concluir varias investigaciones que las reacciones exageradas a los estímulos sensoriales les provoca ansiedad, y es el miedo a lo desconocido, la incertidumbre, lo que potencia estas situaciones.

Por otro lado, está consensuado que el tipo de tratamiento más específico, que científicamente ha demostrado certeza en su efectividad, es el tratamiento conductual, llegando a producir efectos duraderos que permiten, en muchos casos, la integración con éxito del niño en el contexto escolar con sus iguales. Con el tratamiento se pretende fomentar la adaptación e integración a sus entornos más próximos y naturales como son el familiar, social y escolar.

Por otra parte se ha demostrado que determinadas características del tratamiento influyen en la efectividad con niños afectados de TEA:

1- Han de ser individuales: considerando las características de cada niño o niña y su familia, así como sus intereses, preferencias, capacidades, etc.

2- Comienzo a edades tempranas: conlleva un mayor éxito de la terapia y, por tanto, mejoras significativas en los niños tratados. Se recomienda que dicho inicio sea previo a los 4 años de edad.

3- Mayor intensidad de la instrucción: más efectivo si se llevan a cabo más horas de intervención, entre 20 y 40 horas semanales.

4- Calidad en la formación de los instructores: estos niños pueden aprender gran variedad de habilidades cuando se les enseña de manera adecuada.

5- Colaboración de los padres: mayor efectividad cuando éstos aprenden las técnicas conductuales y las aplican al niño, con previa supervisión del profesional. Este factor es una pieza clave para el mantenimiento y generalización de la conducta aprendida.

Por último, mencionar que el día 2 de Abril, es el día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Las actividades que se llevan a cabo durante ese día van dirigidas a la concienciación sobre el autismo, erradicación de la gran cantidad de falsos mitos que existen sobre el TEA, y con todo ello podremos ir fomentando la inclusión de las personas con TEA en nuestra sociedad.

Raquel Jiménez Lozano.
Psicóloga. Colegiada CM01635

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